4 de abril de 2014

Salir corriendo

Ayer tuve un momento de esos en los que te dan ganas de echar a correr y no mirar hacia atrás (y os aseguro que no soy de esas de salir a correr, o sea que si me lo planteo es porque estoy muuu mal). De esos en los que querrías subirte a un monte y gritar. De esos en los que sabes que si no te controlas, harás algo de lo que luego te arrepentirás.


No paraba de acordarme de toda esa gente, cercana y no tan cercana, que me dice cuando ve a los canijos tan mayores, que lo peor ya se ha pasado, que ya están criados...

Esta etapa, la de los 2-3 años, es..está siendo sin dudarlo la más dura de la crianza de gemelos. Es, ya de por sí, una etapa complicada por el NO rotundo y por principio a todo, por reclamar cada uno su sitio, por pelear por todo, por sufrir una sordera crónica (o no detectar la frecuencia de mi voz), por enrabietarse sin motivo aparente (al menos para mí), por no callarse ni debajo del agua... A esto solo hay que añadirle una simple operación, multiplicar por dos.

En parte, seguramente, es culpa nuestra. Porque estamos más irascibles, cansados y poco pacientes y empáticos e, incluso, algo desquiciados. Además los días lluviosos no ayudan y, aunque tienen la habitación más grande de la casa, todo se les queda pequeño. Se descontrolan totalmente, gritan, saltan en el sofá, se pegan...y te encuentras gritándoles que no griten...y les oyes decirse uno al otro las cosas que nosotros les decimos cuando nos enfadamos. Y, de repente, te sientes súper culpable por no saber hacerlo mejor...

Para colmo el día culmina con el "momento cena"...comienza con un no me gusta, sigue con un está caliente y con un me lo das que soy un bebé. Cuando decides poner tierra de por medio, para no liarla, e ir al salón (situado, todo hay que decirlo, pared con pared con la cocina, para que se hagan ustedes una idea de la distancia a la que nos encontramos de ellos...), tardan dos segundos en seguirte llorando porque no quieren quedarse solos porque llega la hora. Nota: esto de que llega la hora lo sacaron de un día que les dije que como llegara la hora de terminar de cenar y no lo hubieran hecho, les quitaba el plato...no se qué idea se les formó en la cabeza, pero la temen como un nublao...

Total, que el fin del día es como la traca de los fuegos artificiales, el estallido de todo el estrés del día concentrado en un ratejo...el acostarles, que tendría que ser un momento tranquilo y placentero se convierte en un como no te acuestes, te calles y te duermas...!!

Lo único que nos queda es la esperanza de que esta etapa pase pronto, o de que nos caiga encima un cargamento de empatía y paciencia...y de tener fuerzas para poder sobrellevarla lo mejor posible...




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